Una dosis de radiación ionizante de entre 5 y 10 Gray resulta letal para un ser humano, provocando daños irreparables al quebrar la doble hélice de su ADN. Sin embargo, existe un microorganismo extremófilo capaz de tolerar más de 10.000 Gray sin inmutarse: Deinococcus radiodurans, bautizada por el Libro Guinness de los Récords como la forma de vida más resistente a la radiación descubierta por la ciencia.
El asombroso secreto de esta bacteria no radica en evitar el impacto, sino en lo que sucede tras él. Una radiación de tal calibre pulveriza su material genético en cientos de fragmentos dispersos, un daño que destruiría a cualquier otra célula. Frente a esta catástrofe, la bacteria activa una respuesta dividida en dos fases impulsada por un proceso denominado recocido de hebras extendidas y recombinación homóloga.
Almacenando entre cuatro y diez copias de su genoma completo en compartimentos celulares estrechamente empaquetados, utiliza los segmentos duplicados como guías de lectura. En apenas unas horas, proteínas de reparación como RecA cosen y alinean los trozos rotos con precisión quirúrgica, recomponiendo el cromosoma original como si fuera un puzle perfecto.
Además, acumula cantidades masivas de iones de manganeso que blindan sus enzimas contra la oxidación, garantizando que la maquinaria molecular siga funcionando cuando todo lo demás colapsa. Descubierta por casualidad en 1956 dentro de una lata de carne picada esterilizada con rayos gamma, esta joya de la microbiología redefine hoy los límites de la vida y la astrobiología.
Fuente: Nature Reviews Microbiology / Journal of Biological Chemistry