En los desiertos del oeste de América del Norte habita un diminuto ser con una armadura que desafía la física: el escarabajo diabólico acorazado (Phloeodes diabolicus). A diferencia de otros insectos que huyen volando ante el peligro, esta especie perdió la capacidad de volar, pero a cambio desarrolló el escudo biomecánico más resistente conocido en el reino de los artrópodos.
Pruebas de laboratorio han demostrado que este escarabajo de apenas dos centímetros puede soportar una fuerza de hasta 149 newtons, lo que equivale a unas 39.000 veces su propio peso corporal. Para ponerlo en perspectiva, un automóvil promedio puede pasarle por encima sobre el asfalto sin causarle daño alguno.
¿Cuál es su secreto? Un estudio publicado en la revista Nature en 2020 descubrió que sus élitros fusionados se unen a lo largo del abdomen mediante una sutura central con forma de piezas de rompecabezas entrelazadas. Cuando se somete a compresión extrema:
- Las estructuras geométricas microscópicas no se rompen de golpe; en su lugar, se deslizan y disipan la energía.
- Las capas de tejido fibroso sufren una delaminación controlada, agrietándose microscópicamente para absorber el impacto sin colapsar.
- La densidad de proteínas en su cutícula duplica con creces la resistencia de los exoesqueletos de insectos comunes.
Hoy en día, este diseño biológico inspira a ingenieros aeroespaciales e industriales para fabricar turbinas, fuselajes y uniones de materiales compuestos más seguros, reemplazando remaches tradicionales por ensambles inspirados en la naturaleza.
Fuente: Nature (Rivera et al., 2020: 'Toughening mechanisms of the elytra of the diabolical ironclad beetle')