Cuando consumes vegetales como espinacas o remolacha, tu cuerpo activa una cascada bioquímica vital que no puede realizar por sí solo: depende por completo de las bacterias que colonizan el dorso de tu lengua. Aunque los nitratos presentes en estos alimentos son fundamentales para la salud cardiovascular, el genoma humano carece de las enzimas necesarias para procesarlos eficazmente. Esa tarea la ejecutan microorganismos simbióticos especializados de géneros como Rothia, Actinomyces y Veillonella.
Estas bacterias utilizan los nitratos de la dieta como aceptor de electrones y los reducen químicamente a nitritos. Al tragar la saliva enriquecida, el entorno ácido del estómago y los tejidos vasculares terminan transformando estos compuestos en óxido nítrico (NO). Esta molécula gaseosa es un mensajero celular crítico: envía la señal al endotelio para relajar el músculo liso de las arterias, permitiendo una vasodilatación que disminuye la resistencia periférica y reduce la presión arterial.
El impacto clínico de este engranaje quedó expuesto en investigaciones lideradas por la Universidad Queen Mary de Londres. Al administrar a voluntarios colutorios antisépticos potentes con clorhexidina durante una semana, la eliminación temporal del microbioma lingual provocó un desplome del nitrito en sangre y un incremento inmediato de entre 2 y 5 mmHg en la presión arterial sistólica, suficiente para aumentar el riesgo cardiovascular a largo plazo.
Este hallazgo demostró que la cavidad oral no solo interviene en la digestión preliminar, sino que actúa como una estación metabólica imprescindible para mantener la flexibilidad y salud del sistema circulatorio.
Fuente: Queen Mary University of London / Free Radical Biology and Medicine