En las profundidades del océano Austral, donde la temperatura del agua marina desciende hasta los -1,8 °C (por debajo del punto de congelación del agua dulce), habita una familia de peces que desafía las reglas fundamentales de la fisiología animal: los quenocefálidos o peces de hielo antárticos (Channichthyidae). Son los únicos vertebrados conocidos en la Tierra que carecen por completo de hemoglobina y glóbulos rojos funcionales en su sangre.
A simple vista, sus branquias no exhiben el característico color rojo carmesí de la vida animal, sino una tonalidad blanco cremoso o translúcido. Su sangre es un líquido transparente que fluye por venas anchas y flexibles. ¿Cómo logran sobrevivir sin la proteína encargada de oxigenar los tejidos?
- Oxígeno disuelto en plasma: El agua gélida polar posee una concentración de oxígeno disuelto extraordinariamente alta. Estos peces absorben el gas directamente a través de una piel desprovista de escamas y densamente vascularizada, transportándolo disuelto directamente en el plasma.
- Un corazón hipertrofiado: Para compensar que el plasma transporta apenas una décima parte del oxígeno que llevaría la sangre con hemoglobina, poseen un corazón hasta cuatro veces más grande que el de otros peces de talla similar, bombeando volúmenes masivos a baja presión.
- Anticongelante biológico: Sus tejidos sintetizan glicoproteínas anticongelantes que se adhieren a los diminutos núcleos de hielo microscópicos, evitando que crezcan y congelen sus órganos internos.
Descubiertos formalmente en 1928 por el zoólogo noruego Ditlef Rustad, estos animales demuestran cómo la evolución puede prescindir de un componente celular universal para conquistar los nichos más hostiles del planeta.
Fuente: Nature Ecology & Evolution / Scientific American