En las vastas y a menudo impredecibles llanuras inundables de África, existe una criatura que encarna la tenacidad de la vida: el pez pulmonado africano (género Protopterus). Cuando las aguas se retiran y el lodo comienza a endurecerse bajo el sol implacable, este pez realiza una hazaña asombrosa para sobrevivir. A diferencia de la mayoría de los peces, el pez pulmonado puede respirar aire, un rasgo vital que lo distingue y que le permite resistir la escasez de oxígeno en aguas estancadas, e incluso la ausencia total de agua.
A medida que su hogar acuático se convierte en un desierto de barro agrietado, el pez pulmonado excava profundamente en la tierra, creando una cámara en forma de túnel donde pasará el periodo de sequía. Una vez dentro, se envuelve en un capullo de mucosidad endurecida, mezclado con tierra, que actúa como una barrera protectora contra la deshidratación. Dentro de esta "cápsula del tiempo", su metabolismo se ralentiza drásticamente, casi hasta detenerse. Su ritmo cardíaco se reduce, la excreción de desechos nitrogenados cambia a una forma menos tóxica, y puede permanecer en este estado de animación suspendida durante meses, e incluso algunos ejemplares se han registrado sobreviviendo años, esperando la llegada de las lluvias.
Cuando las aguas regresan y ablandan su capullo de barro, el pez pulmonado emerge, sorprendentemente ileso y listo para reanudar su vida acuática. Esta capacidad de estivación prolongada no solo es un testimonio de la increíble adaptabilidad de la evolución, sino también una fuente de inspiración para la investigación biomédica, ofreciendo claves sobre la conservación de órganos y la resistencia en condiciones extremas.
Fuente: National Geographic, Smithsonian Magazine, estudios de fisiología animal sobre estivación