En las costas volcánicas de las Islas Galápagos habita un ser único en el planeta: la iguana marina (Amblyrhynchus cristatus), el único lagarto moderno capaz de forrajear algas en las gélidas profundidades del océano. Sin embargo, su adaptación más asombrosa no es nadar con gracia marina ni expulsar sal por la nariz, sino su capacidad de encoger físicamente su tamaño corporal adulto cuando el alimento escasea.
Durante los eventos climáticos de El Niño, las corrientes cálidas desplazan las aguas ricas en nutrientes, provocando la muerte masiva de las algas de las que dependen. Para sobrevivir a periodos donde fallece hasta el 90% de la población, estas iguanas no solo queman reservas de grasa o masa muscular: reabsorben su propia matriz ósea. Según investigaciones pioneras lideradas por el biólogo Martin Wikelski y publicadas en la revista Nature, los individuos pueden perder hasta un 20% de su longitud corporal total en cuestión de meses.
Este encogimiento esquelético involucra tanto la columna vertebral como la estructura del cráneo mediante una intensa actividad osteoclástica controlada. Al reducir el volumen corporal, el animal disminuye drásticamente su gasto metabólico basal y optimiza su eficiencia térmica en aguas hostiles. Lo más extraordinario es que el proceso es totalmente reversible: cuando las corrientes frías regresan y las algas proliferan, los huesos de la iguana marina vuelven a crecer a su tamaño original.
Fuente: Nature (Wikelski & Thom, 2000 - 'Marine iguanas shrink to survive El Niño')