Durante milenios, los pueblos originarios del norte de Australia narraron historias sobre aves que avivaban y extendían las llamas intencionadamente. En 2017, una investigación formal publicada en el Journal of Ethnobiology confirmó este fenómeno: especies como el milano negro (Milvus migrans), el milano silbador (Haliastur sphenurus) y el halcón berigora (Falco berigora) emplean el fuego como una herramienta predatoria activa.
Cuando un incendio forestal estalla en la sabana australiana, miles de roedores, lagartos y grandes saltamontes huyen despavoridos de la línea de humo, transformándose en un banquete instantáneo. Sin embargo, cuando el frente de fuego queda bloqueado por barreras naturales como arroyos, pistas de tierra o zonas ya consumidas, estas rapaces no se conforman con esperar pasivamente a que la caza termine.
De forma calculada, las aves descienden a las zonas que todavía humean, sujetan ramas y tizones ardientes con sus garras o picos y vuelan hasta medio kilómetro más allá del cortafuegos natural. Allí dejan caer la brasa sobre pastizales secos sin quemar, provocando de inmediato un nuevo frente de llamas y una estampida secundaria de presas desorientadas.
Este extraordinario descubrimiento demolió la noción científica de que la manipulación deliberada del fuego era un monopolio exclusivo del linaje humano. Los denominados «halcones de fuego» exhiben una capacidad de previsión ecológica y cognición causal avanzada, utilizando una fuerza destructiva natural para transformar el paisaje a favor de su propia subsistencia.
Fuente: Journal of Ethnobiology (Bonta et al., 2017)