En las selvas montañosas de Borneo habita una de las adaptaciones evolutivas más insólitas del reino vegetal: la Nepenthes lowii. A diferencia de la mayoría de las plantas carnívoras, que invierten recursos en capturar y disolver insectos mediante enzimas ácidas, las jarras adultas de esta especie evolucionaron para cumplir una función radicalmente distinta: servir como retrete biológico.
Las copas superiores de la planta presentan una estructura rígida en forma de cuenco, coronada por una tapa orientada en un ángulo exacto. En la parte inferior de esta tapa, la planta segrega copiosamente una sustancia blanca gelatinosa y azucarada. Este manjar atrae de forma irresistible a la tupaia de montaña (Tupaia montana), una pequeña musaraña arbórea diurna, y a ciertas especies de ratas de cumbre.
La arquitectura del vegetal está milimétricamente calibrada: la distancia entre el néctar de la tapa y el borde de la jarra coincide a la perfección con la longitud corporal del mamífero. Para lamer el exudado —que además contiene propiedades ligeramente laxantes—, el animal debe posarse sobre la abertura orientando su parte trasera hacia el interior. Mientras consume el dulce brebaje, el animal defeca inevitablemente dentro del recipiente vegetal.
Estudios isotópicos han revelado que la Nepenthes lowii obtiene entre el 57% y el 100% de todo el nitrógeno presente en sus hojas a partir de estos excrementos. En un ecosistema de niebla donde las presas de insectos son extremadamente escasas, la planta resolvió su nutrición estableciendo una sofisticada mutualidad sanitaria a cambio de carbohidratos.
Fuente: Biology Letters (The Royal Society): 'Faeces deposition by tree shrews into cups of the pitcher plant Nepenthes lowii' (Clarke et al., 2009)