En los prados europeos se desarrolla uno de los engaños evolutivos más descarados del reino animal: la estrategia parasitaria de la mariposa hormiguera (Phengaris alcon). Tras emerger de su huevo en una flor, la oruga se deja caer al suelo para dar comienzo a una farsa biológica milimétricamente calculada.
En el suelo, la oruga secreta un cóctel de hidrocarburos cutáneos que clona con exactitud el olor de las larvas de hormigas del género Myrmica. Al toparse con ella, las obreras creen haber localizado a una de sus crías extraviadas y la trasladan con devoción al corazón subterráneo del hormiguero.
Sin embargo, la verdadera audacia de este insecto fue documentada en 2009 por entomólogos de la Universidad de Oxford:
- El hackeo acústico: La oruga no se limita al mimetismo químico; posee una cresta en el abdomen que frota rítmicamente para producir un pulso vibratorio inaudible al oído humano, pero que replica con asombrosa precisión las estridulaciones o 'canto' de la propia reina del hormiguero.
- Privilegios de realeza: Este sonido confiere a la impostora el rango más alto de la jerarquía. Las obreras le ofrecen comida regurgitada directamente en la boca antes que alimentar a sus propias larvas.
- Sacrificio de la colonia: Durante periodos de sequía o escasez, las hormigas llegan a sacrificar y devorar a sus propias hermanas biológicas para mantener saciada a la oruga gigante. Ante una invasión, las obreras rescatan a la intrusa con mayor urgencia que a su reina legítima.
Tras devorar los recursos de la colonia durante casi un año, la oruga pupa en secreto. Al emerger como mariposa adulta, pierde su camuflaje químico y debe huir a toda prisa antes de que las desconcertadas obreras descubran el mayor timo de sus vidas.
Fuente: Science (Thomas et al., 2009 - 'Acoustic Mimicry in a Parasitic Butterfly')