Imagina un objeto que se mueve rítmicamente, oscilando de forma perpetua, sin necesidad de energía externa y sin detenerse nunca. Aunque suene a ciencia ficción o a una máquina de movimiento perpetuo imposible, este es el concepto fundamental detrás de los cristales de tiempo, una de las fases más exóticas y fascinantes de la materia descubiertas recientemente. A diferencia de los cristales ordinarios, con una estructura que se repite en el espacio (como la red atómica de un diamante), los cristales de tiempo tienen una estructura que se repite periódicamente en el tiempo. Es decir, su estado fundamental, su configuración de energía más baja, no es estático, sino que se mueve y oscila en un patrón regular y constante. Esta propiedad es sorprendente, ya que los sistemas en su estado fundamental deberían ser estáticos para conservar energía. La clave de su existencia radica en romper la simetría de traslación temporal, una de las leyes más fundamentales de la física. Un cristal de tiempo rompe esta simetría de forma espontánea: aunque las reglas que lo rigen son constantes, su comportamiento intrínseco no lo es, manifestándose en una oscilación rítmica que persiste incluso en su estado de menor energía. La existencia de los cristales de tiempo fue propuesta teóricamente por el físico Frank Wilczek en 2012 y confirmada experimentalmente en 2016 por equipos de la Universidad de Maryland y Harvard, utilizando sistemas cuánticos como cadenas de iones atrapados. Aunque aún en fases tempranas de investigación, abren puertas a nuevas comprensiones de la física cuántica y podrían tener aplicaciones futuras en computadoras cuánticas o sensores de tiempo extremadamente precisos.
Fuente: Scientific American, Nature Physics, Physical Review Letters