En los implacables desiertos del interior de Australia habita una de las maravillas anatómicas más insólitas del reino animal: el diablo espinoso (Moloch horridus). A pesar de su aspecto intimidante, cubierto de protuberancias y conos cónicos defensivos, su mayor proeza biológica no radica en su coraza, sino en cómo resuelve la búsqueda de agua en un entorno donde casi nunca llueve.
Este pequeño reptil posee una piel hidrodinámica completamente tapizada por una red microscópica de canales capilares ubicada entre sus escamas. Gracias a la tensión superficial y al fenómeno de capilaridad pasiva, cualquier rastro de humedad —ya sea rocío nocturno, gotas de lluvia o la simple humedad retenida en la arena— es absorbido de forma instantánea y transportado a lo largo de su cuerpo, viajando incluso cuesta arriba contra la gravedad hacia las comisuras de su boca.
Los científicos descubrieron detalles asombrosos sobre este sistema pasivo de bombeo:
- Bebedor podal: Al apoyar únicamente sus patas sobre arena húmeda, el agua asciende por sus extremidades y recorre su lomo hasta su mandíbula en pocos minutos.
- Bombeo mandibular: El lagarto abre y cierra sus mandíbulas de forma rítmica para generar cambios de presión que dirigen el flujo capilar directamente al interior de su cavidad bucal.
- Superficie higroscópica: Sus escamas no absorben el líquido internamente; actúan como un laberinto de microtúbulos semiabiertos de entre 100 y 150 micrómetros.
Esta adaptación pasiva inspiró investigaciones de vanguardia en biomimética para diseñar materiales capaces de transportar fluidos sin bombas energéticas en naves espaciales y dispositivos médicos.
Fuente: Journal of Experimental Biology (Combes et al., 'Capillary water transport in the skin of the thorny devil Moloch horridus')