En la superficie de las aguas abiertas flota a la deriva una criatura de apariencia casi mitológica que rara vez supera los tres centímetros de longitud: el Glaucus atlanticus, conocido popularmente como el dragón azul. A pesar de su diminuto tamaño y su aspecto frágil, este gasterópodo marino es uno de los depredadores más sofisticados del océano.
Su alimento predilecto es la peligrosa carabela portuguesa (Physalia physalis), un sifonóforo armado con tentáculos cargados de potentes neurotoxinas capaces de paralizar peces al instante y provocar intensos dolores en humanos. Lejos de verse afectado por estas picaduras letales, el dragón azul posee una barrera mucosa y mecanismos celulares que lo vuelven completamente inmune.
El aspecto más asombroso de su biología es un proceso denominado cleptocnidia:
- Al devorar los tentáculos de su presa, no destruye las cápsulas punzantes y venenosas llamadas nematocistos.
- Transporta estas armas microscópicas intactas a través de las ramas de su aparato digestivo hasta las puntas de sus ceratas (las extensiones plumosas que parecen alas).
- Almacena y concentra el veneno ajeno en sacos especializados, volviendo su propia picadura mucho más potente y letal que la de la presa original para disuadir a cualquier depredador.
Para sobrevivir suspendido en la superficie, el dragón azul traga una burbuja de gas que almacena en su estómago. Esto le permite flotar boca abajo de forma permanente, exhibiendo un azul eléctrico hacia el cielo para camuflarse con el mar y un vientre plateado hacia el fondo para confundirse con la luz solar.
Fuente: Journal of Molluscan Studies / Smithsonian Ocean Initiative