En los arrecifes tropicales habita una criatura de apenas cinco centímetros capaz de desencadenar uno de los fenómenos físicos más extremos del reino animal: el camarón pistola (familia Alpheidae). A diferencia de otros depredadores marinos que dependen de dientes afilados o toxinas paralizantes, este crustáceo utiliza la hidrodinámica de fluidos como arma letal.
El secreto reside en su pinza hipertrofiada, dotada de un mecanismo biológico de gatillo. Al cerrarse a una velocidad superior a los 100 km/h, la pinza no golpea directamente a su presa, sino que expulsa un potentísimo chorro de agua a gran velocidad. Este flujo desploma la presión local por debajo de la presión de vapor del agua, generando de forma casi instantánea una burbuja de cavitación de baja presión.
Lo asombroso ocurre una fracción de milisegundo después, cuando la presión exterior aplasta violentamente dicha burbuja:
- Onda de choque aturdidora: El colapso genera una detonación acústica que supera los 210 decibelios, más ruidosa que el despegue de un avión a reacción, dejando noqueados o muertos al instante a pequeños peces y cangrejos.
- Calor extremo: La compresión adiabática del vapor en el núcleo de la burbuja eleva momentáneamente la temperatura por encima de los 4.500 °C, rozando la temperatura superficial de nuestra estrella solar.
- Sonoluminiscencia: El colapso es tan violento que produce un brevísimo destello de luz óptica invisible al ojo humano sin instrumentos de alta precisión.
Este estallido transforma al modesto camarón pistola en uno de los seres más ruidosos del océano, hasta el punto de que sus colonias ciegan con frecuencia los sonares navales y militares.
Fuente: Nature / Detlef Lohse et al., 'Snapping shrimp make flash of light' (Universidad de Twente)