El 17 de septiembre de 1859, un comerciante arruinado llamado Joshua Abraham Norton entregó una proclama al diario San Francisco Bulletin anunciando que se declaraba formalmente Emperador de los Estados Unidos y, más adelante, Protector de México. En lugar de recluirlo o marginarlo, la ciudad de San Francisco decidió abrazar su fantasía con una ternura y caballerosidad únicas en los anales del siglo XIX.
Durante más de dos décadas, Norton I patrulló diariamente las avenidas vistiendo un uniforme militar azul con charreteras doradas regalado por oficiales del ejército local. Lejos de ser motivo de burla despiadada, la comunidad lo integró con admiración en su tejido social:
- Moneda imperial: Imprimió sus propios billetes y bonos en denominaciones de 50 centavos a 10 dólares, los cuales eran aceptados habitualmente por bares, restaurantes y tranvías locales para pagar sus consumiciones.
- Desagravio policial: Cuando un agente novato lo arrestó en 1867 acusándolo de vagancia, el jefe de policía ordenó su liberación inmediata, redactó una disculpa oficial y ordenó a todo el cuerpo que saludara militarmente al monarca al cruzarse con él.
- Visión profética: En 1872 firmó un decreto real ordenando erigir un puente colgante que conectara San Francisco con Oakland, un proyecto visionario que se materializó décadas más tarde con el Bay Bridge.
Cuando falleció súbitamente en una esquina en enero de 1880, se constató que vivía en la pobreza extrema. No obstante, un club de empresarios financió un ataúd de palisandro de lujo y más de 10.000 ciudadanos de todas las clases sociales marcharon en su cortejo fúnebre para despedir al soberano más singular de la historia estadounidense.
Fuente: California Historical Society / 'Norton I: Emperor of the United States' por William Drury (1986)