En los fondos arenosos y lodosos de Indonesia, a finales de la década de 1990, los biólogos marinos tropezaron con un prodigio de la evolución: el pulpo mimo (Thaumoctopus mimicus). Mientras la mayoría de los cefalópodos utilizan el camuflaje pasivo para fundirse con rocas o corales, esta especie lleva el engaño a un nivel escénico inigualable, adoptando de forma deliberada el aspecto, la textura y los movimientos de al menos 15 animales marinos diferentes.
Lo más extraordinario no radica únicamente en su maleabilidad física desprovista de huesos, sino en su inteligencia táctica situacional. Los científicos descubrieron que el pulpo mimo no improvisa al azar, sino que selecciona a qué criatura imitar en función de la amenaza concreta. Por ejemplo, al ser acosado por territoriales peces damisela, el pulpo entierra seis de sus tentáculos en la arena y extiende los dos restantes con bandas negras y amarillas en direcciones opuestas, ondulándolos rítmicamente para hacerse pasar por una serpiente marina anillada, depredadora letal de esos peces.
Cuando necesita desplazarse velozmente a través de zonas abiertas expuestas, agrupa todos sus brazos y adopta una forma aplanada en forma de cuña, nadando ondulantemente como un pez lenguado venenoso. En otras circunstancias, despliega sus extremidades con espinas aparentes para simular un intimidante pez león, o se deja flotar contrayéndose como una medusa urticante.
Descrito formalmente en 2005 por el biólogo australiano Mark Norman, este animal demostró que el mimetismo dinámico puede implicar procesos de toma de decisiones en tiempo real, consolidando al pulpo mimo como uno de los estrategas más asombrosos del océano.
Fuente: Norman, M. D., Finn, J., & Tregenza, T. (2001). Dynamic mimicry in an Indo-Malayan octopus. Proceedings of the Royal Society of London. Series B: Biological Sciences, 268(1478), 1755-1758.