En el reino animal, la capacidad de regenerar órganos y tejidos complejos tras una herida severa parecía una exclusividad de anfibios como las salamandras o los ajolotes. Los mamíferos, limitados por una respuesta inmunitaria agresiva, solemos sellar daños graves mediante tejido cicatricial fibroso. Sin embargo, en 2012, un equipo de biólogos de la Universidad de Florida documentó en la revista Nature un fenómeno sin precedentes: el ratón espinoso africano (género Acomys).
Ante el ataque de un depredador, este pequeño roedor recurre a una defensa extrema conocida como autotomía dérmica. Su piel es hasta veinte veces más frágil que la de un ratón común, lo que le permite desprenderse de hasta el 60% de la superficie de su lomo con un simple forcejeo. El atacante se queda con un bocado de pellejo mientras el ratón escapa en carne viva.
Lo verdaderamente revolucionario ocurre durante la curación:
- Blastema de regeneración: En lugar de depositar colágeno rígido, el ratón forma una masa de células proliferativas indiferenciadas idéntica al blastema de los anfibios.
- Reconstrucción íntegra: En apenas treinta días, regenera por completo la epidermis, dermis, glándulas sudoríparas, folículos pilosos y pelo pigmentado sin dejar rastro de cicatriz.
- Reparación de cartílago: Experimentos demostraron que perforaciones de cuatro milímetros en sus orejas se rellenan con cartílago nuevo y funcional.
El secreto reside en su sistema inmunitario, capaz de mitigar la inflamación crónica que normalmente induce fibrosis en los mamíferos. Actualmente, este prodigio evolutivo es el modelo principal de la medicina regenerativa para lograr la cicatrización perfecta en quemaduras y órganos humanos.
Fuente: Nature (Seifert et al., 2012 - Skin shedding and tissue regeneration in African spiny mice)