Durante más de medio siglo, el patrón oficial del segundo mundial ha estado gobernado por los relojes atómicos de cesio, los cuales oscilan a frecuencias de microondas. Sin embargo, la metrología moderna ha entrado en una nueva era con los relojes ópticos de red de estroncio, dispositivos revolucionarios que inmovilizan decenas de miles de átomos dentro de una red tridimensional tejida con luz láser.
Al emplear frecuencias de luz visible en lugar de microondas, estos sistemas 'hacen tictac' cientos de billones de veces por segundo. Su estabilidad cuántica es tan extrema que tardarían más de 30.000 millones de años en desfasarse un solo segundo, un lapso que duplica con creces la edad de todo el universo observable.
Esta colosal sensibilidad ha convertido a estos instrumentos en herramientas capaces de poner a prueba el tejido mismo del espacio-tiempo. De acuerdo con la Teoría de la Relatividad General de Einstein, el tiempo fluye más lento a medida que un objeto se aproxima al centro de una masa gravitacional. En experimentos recientes desarrollados en centros como el JILA (NIST y la Universidad de Colorado Boulder), los investigadores lograron medir el cambio en el ritmo del tiempo al elevar el conjunto de átomos apenas un milímetro dentro del laboratorio.
Más allá de redefinir el segundo, estos dispositivos inauguran la 'geodesia cronométrica': una disciplina capaz de mapear el movimiento del magma volcánico, advertir tensiones tectónicas antes de un terremoto e intentar cazar perturbaciones causadas por la elusiva materia oscura.
Fuente: Nature / JILA (National Institute of Standards and Technology & University of Colorado Boulder)