En las gélidas y oscuras profundidades del océano Ártico habita el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), un gigante de hasta seis metros de longitud que ostenta el récord absoluto de longevidad entre los animales vertebrados. Mientras la mayoría de las especies miden su existencia en décadas, este escualo puede superar con comodidad los 400 años de vida.
El secreto para desvelar su asombrosa edad fue resuelto en 2016 por un equipo internacional liderado por la Universidad de Copenhague. Al carecer de estructuras óseas calcificadas, los científicos analizaron el núcleo del cristalino de sus ojos mediante datación por radiocarbono. Estas proteínas se forman antes del nacimiento y permanecen inalterables de por vida, revelando que los ejemplares más longevos analizados nacieron a principios del siglo XVII, cuando Galileo aún observaba los cielos.
Su supervivencia extrema responde a una fisiología diseñada para ahorrar cada átomo de energía:
- Metabolismo en cámara lenta: Prosperan en aguas que rondan los -1 °C y nadan a una pausada velocidad de crucero de apenas 1,2 km/h.
- Pulsaciones mínimas: Su corazón es tan parsimonioso que puede tardar hasta doce segundos en completar un solo latido.
- Madurez ultratardía: Las hembras no son aptas para reproducirse hasta que miden unos cuatro metros, un desarrollo que les toma cerca de 150 años.
Adicionalmente, sus tejidos acumulan altas concentraciones de óxido de trimetilamina y urea, compuestos que actúan como un anticongelante biológico contra la cristalización celular. Sin prisa y casi ciegos en el abismo polar, estos titanes silenciosos continúan nadando hoy tras haber sobrevivido a civilizaciones e imperios enteros.
Fuente: Nielsen, J. et al. (2016). 'Eye lens radiocarbon reveals extreme longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)'. Science, 353(6297), 343-346.