Cuando pensamos en fusión nuclear, la mente viaja de inmediato a instalaciones multimillonarias como ITER, reactores tokamak con gigantescos electroimanes superconductores o colosales baterías de láseres. Sin embargo, en abril de 2005, un equipo de físicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), liderado por Seth Putterman y Brian Naranjo, demostró en la revista Nature que era posible lograr una auténtica fusión nuclear sobre la mesa de un laboratorio.
El secreto no radicaba en una fuente de energía descomunal, sino en las propiedades de un cristal piroeléctrico de tantalato de litio. Estos materiales tienen la insólita capacidad de generar campos electrostáticos colosales cuando experimentan una leve variación térmica. Al calentar lentamente el cristal desde los -34 °C hasta temperatura ambiente dentro de una pequeña cámara con gas deuterio, una diminuta punta de tungsteno concentró un gradiente eléctrico superior a los 100.000 voltios.
Este campo extremo arrancó los electrones del gas y aceleró los iones de deuterio a velocidades increíbles hacia una diana fija rica en deuterio. Al colisionar con energía suficiente para vencer la repulsión electrostática:
- Los núcleos atómicos se fusionaron con éxito, produciendo helio-3.
- El experimento liberó un flujo constante de unos 1.000 neutrones por segundo a 2,45 megaelectronvoltios.
Aunque el dispositivo consume más energía de la que genera y no sirve para centrales eléctricas, revolucionó la física aplicada al demostrar que la fusión atómica puede confinarse en aparatos del tamaño de una taza de café, ideales como generadores portátiles de neutrones para radiografías médicas o detección de explosivos.
Fuente: Nature (Naranjo, B., Gimzewski, J. K., & Putterman, S., 2005: 'Observation of nuclear fusion driven by a pyroelectric crystal')