En los bosques tropicales de Madagascar habita un tejedor con capacidades biofísicas sin parangón: la araña de corteza de Darwin (Caerostris darwini). Descrita formalmente en 2009, esta especie no supera los dos centímetros de tamaño, pero es capaz de fabricar las redes orbiculares más extensas del reino animal, alcanzando hasta 2,8 metros cuadrados suspendidas sobre ríos y lagos caudalosos.
Para cruzar abismos de agua que ningún otro depredador terrestre puede franquear, la hembra se coloca en la vegetación de una orilla y proyecta de forma continua un hilo continuo de seda arrastrado por las corrientes térmicas de aire. El filamento cruza cauces enteros de hasta 25 metros de longitud hasta anclarse en la orilla opuesta, sirviendo como el puente estructural que sostendrá su trampa aérea suspendida en el vacío.
Lo verdaderamente extraordinario radica en la composición molecular de esta seda de soporte (compuesta por proteínas espidroínas únicas, MaSp1 y MaSp2):
- Posee una tenacidad media de 350 MJ/m³, el doble que la seda de cualquier otra araña conocida.
- Supera en diez veces la tenacidad del Kevlar, el material sintético de alta resistencia utilizado en chalecos antibalas.
- Soporta enormes impactos cinéticos sin romperse, permitiéndole atrapar libélulas y efímeras en pleno vuelo rasante sobre el agua.
Este prodigio de la ingeniería natural convierte a Caerostris darwini en el fabricante del biomaterial elástico y absorbente de energía más resistente conocido en la biosfera.
Fuente: PLOS ONE (Agnarsson et al., 'Bioprospecting Finds the Toughest Biological Material: Extraordinary Silk from a Giant Riverine Orb Spider')