En la madrugada del 13 de mayo de 1862, en plena Guerra de Secesión estadounidense, tuvo lugar una de las evasiones más audaces jamás documentadas. Robert Smalls, un hombre esclavizado de 23 años que trabajaba como timonel a bordo del CSS Planter —un buque de vapor artillado atracado en el puerto confederado de Charleston—, ejecutó un plan concebido en absoluto secreto.
Aprovechando que los oficiales blancos desobedecieron las normas y desembarcaron para pasar la noche en tierra firme, Smalls se puso el uniforme y el distintivo sombrero de paja del capitán. Con una tripulación compuesta enteramente por compañeros esclavizados, encendió las calderas y zarpó con sigilo. Minutos después, atracó brevemente en un muelle cercano para subir a bordo a su esposa, sus dos hijos pequeños y a otros fugitivos.
Para ganar mar abierto debían franquear cinco puestos de control artillados, entre ellos el inexpugnable Fuerte Sumter. Smalls conocía las señales secretas marítimas confederadas: hizo sonar los silbatos reglamentarios con pasmosa frialdad y adoptó la postura del comandante en el puente de mando para engañar a los vigías en la penumbra. Los centinelas le franquearon el paso sin sospechar nada.
Al dejar atrás el alcance de los cañones confederados, Smalls arrió la bandera rebelde, izó una sábana blanca y entregó la nave a la flota de bloqueo de la Unión. La entrega incluyó cañones pesados, munición y el libro confidencial de códigos confederados. La proeza no solo le dio la libertad y una recompensa del Congreso, sino que catapultó a Smalls como capitán naval de la Unión y, posteriormente, como representante en la Cámara de Diputados de los Estados Unidos.
Fuente: National Museum of African American History and Culture (Smithsonian) / U.S. Naval History and Heritage Command