El 15 de junio de 1859, en la disputada isla de San Juan (ubicada entre el territorio de Washington y la actual Canadá), un colono estadounidense llamado Lyman Cutlar descubrió a un cerdo de raza Berkshire devorando las patatas de su huerto. Furioso ante los constantes destrozos del animal, Cutlar tomó su rifle y lo abatió de un tiro. El problema: el cerdo pertenecía a un empleado de la poderosa Compañía de la Bahía de Hudson británica.
Lo que debió ser un altercado vecinal escaló a una velocidad inverosímil. Tras amenazas de detención por parte de las autoridades británicas, los colonos locales pidieron amparo a las Fuerzas Armadas estadounidenses. El general William S. Harney despachó a 66 soldados bajo el mando del capitán George Pickett. La respuesta de la Corona británica no se hizo esperar: enviaron tres buques de guerra artillados a la bahía para intimidar a la guarnición.
En pocas semanas, la tensión fronteriza alcanzó un clímax surrealista: 461 soldados estadounidenses y 14 cañones quedaron atrincherados frente a cinco buques de guerra británicos con más de 2.000 infantes de marina y 70 cañones. Las órdenes de ambos mandos eran idénticas y tensas: defender la posición a ultranza, pero no efectuar bajo ninguna circunstancia el primer disparo.
La cordura triunfó gracias al almirante británico Robert L. Baynes, quien se negó rotundamente a abrir fuego y afirmó que sería absurdo «involucrar a dos grandes potencias en un conflicto bélico por una estúpida disputa sobre un cerdo». La isla permaneció bajo ocupación militar conjunta y pacífica hasta 1872, cuando el káiser Guillermo I de Alemania zanjó el litigio mediante arbitraje a favor de Estados Unidos. El saldo definitivo tras trece años de alerta militar: cero bajas humanas y un único mártir porcino.
Fuente: National Park Service (San Juan Island National Historical Park) & The Pig War Records