En medio de las aguas heladas del canal Kennedy, entre la isla canadiense de Ellesmere y el noroeste de Groenlandia, se encuentra la isla Hans: un peñasco desolado y deshabitado de apenas 1,3 kilómetros cuadrados. En 1973, cuando Canadá y Dinamarca intentaron delimitar sus fronteras marítimas en el Ártico, no lograron acordar la soberanía sobre esta diminuta roca. Lo que siguió no fue un enfrentamiento armado, sino uno de los conflictos fronterizos más singulares y pacíficos de la historia militar moderna: la conocida como Guerra del Whisky.
La contienda dio comienzo formal en 1984, cuando el ministro danés para Asuntos de Groenlandia desembarcó en la isla, izó la bandera de su país y dejó enterrada junto al mástil una botella de aguardiente local Gammel Dansk, acompañada de una nota que rezaba: «Bienvenido a la isla danesa». La respuesta canadiense no tardó en llegar: semanas después, tropas canadienses retiraron el emblema danés, plantaron la bandera de la hoja de arce y dejaron en su lugar una botella de whisky Canadian Club.
Durante casi cinco décadas, expediciones científicas y patrullas militares de ambas naciones se turnaron periódicamente para visitar la isla. Cada bando cumplía rigurosamente el mismo ritual: arriaban la bandera del rival, izaban la propia, bebían o confiscaban el alcohol extranjero y depositaban una nueva botella de su licor nacional como gesto de bienvenida.
La disputa concluyó oficialmente en junio de 2022, cuando ambos gobiernos firmaron un tratado que dividió la isla Hans en dos partes a través de una garganta natural. Con este apretón de manos, la Guerra del Whisky llegó a su fin, creando de forma pacífica la primera frontera terrestre de la historia entre Canadá y el Reino de Dinamarca.
Fuente: BBC News / The New York Times (Acuerdo limítrofe sobre la Isla Hans, junio de 2022)