En las profundidades de las selvas tropicales y subtropicales de América, una civilización subterránea prospera gracias a una de las formas de agricultura más antiguas y eficientes del planeta. No hablamos de humanos prehistóricos, sino de las fascinantes hormigas cortadoras de hojas (géneros Atta y Acromyrmex). Estos insectos no consumen directamente las hojas que tan diligentemente cortan y transportan en largas filas; en cambio, las utilizan como sustrato para cultivar un hongo específico, el Leucoagaricus gongylophorus.
La simbiosis entre estas hormigas y su hongo data de hace unos 50 a 60 millones de años, convirtiéndolas en las primeras "agricultoras" conocidas de la Tierra. Su método es asombrosamente sofisticado: las obreras mastican las hojas hasta formar una pulpa, que luego "siembran" en sus jardines subterráneos. Allí, el hongo crece y produce estructuras ricas en proteínas y carbohidratos, que sirven de alimento exclusivo para toda la colonia.
Pero su destreza agrícola no termina ahí. Las hormigas actúan como auténticas jardineras: deshierban constantemente, eliminando hongos "malos" que podrían competir con su cultivo, y usan bacterias simbióticas que producen antibióticos para combatir plagas. Incluso gestionan la temperatura y humedad de sus complejos nidos, algunos de los cuales pueden extenderse por metros bajo tierra y albergar millones de individuos. Este sistema agrícola prehistórico es un testimonio viviente de la increíble inteligencia colectiva y la adaptación en el reino animal.
Fuente: Hölldobler, B., & Wilson, E. O. (1990). The Ants. Harvard University Press. / Scientific American / National Geographic