El 21 de agosto de 1976 tuvo lugar una de las demostraciones de fuerza militar más surrealistas y desproporcionadas de la Guerra Fría: la Operación Paul Bunyan. Tres días antes, dos oficiales estadounidenses murieron a manos de soldados norcoreanos en la Zona Desmilitarizada (ZDM) mientras supervisaban la poda de un álamo que obstaculizaba la línea de visión de un puesto de control de la ONU.
Para responder sin desatar una guerra abierta pero exhibiendo un poder intimidatorio incontestable, el presidente Gerald Ford autorizó una misión quirúrgica cuyo único objetivo era talar el árbol por completo frente a los ojos del ejército norcoreano.
A primera hora de la mañana, un convoy de 23 vehículos de Naciones Unidas ingresó a la Zona de Seguridad Conjunta. Dieciséis ingenieros de combate con motosierras y hachas avanzaron protegidos por 64 comandos surcoreanos cinturón negro de taekwondo y treinta soldados de infantería armados. Sin embargo, la verdadera advertencia vino de un despliegue de respaldo colosal:
- 27 helicópteros de combate y transporte sobrevolando el perímetro fronterizo.
- Bombarderos nucleares B-52 Stratofortress escoltados por decenas de cazas F-4 Phantom y F-111 en vuelo rasante sobre la línea divisoria.
- El portaaviones USS Midway desplegado con su flota de ataque frente a las costas coreanas.
Frente a semejante demostración de fuerza aplastante, más de un centenar de soldados norcoreanos permanecieron inmóviles observando desde sus trincheras sin atreverse a intervenir. En tan solo 42 minutos, el árbol fue reducido a un tocón y la crisis se resolvió sin disparar una sola bala.
Fuente: U.S. Army Center of Military History / Smithsonian Magazine