A primera vista, Physarum polycephalum parece una simple mancha viscosa de color amarillo brillante sobre troncos caídos. Sin embargo, este organismo —un moho mucilaginoso plasmodial formado por una única célula gigante con millones de núcleos— alberga una de las formas de inteligencia biológica descentralizada más asombrosas del planeta, todo ello sin poseer una sola neurona.
En el año 2010, un equipo de científicos liderado por Toshiyuki Nakagaki en la Universidad de Hokkaido colocó pequeños copos de avena en una placa simulando la ubicación geográfica de Tokio y 36 estaciones de tren circundantes. El moho comenzó extendiéndose en una red caótica, pero en tan solo 26 horas podó las ramas redundantes y reforzó los canales de transporte más eficientes. El resultado final fue una estructura de venas protoplasmáticas casi idéntica al sistema ferroviario metropolitano de Tokio, optimizando el consumo de energía y la tolerancia a fallos con la misma precisión que los ingenieros humanos.
Este ser vivo logra tales proezas gracias a la física de sus fluidos internos:
- Memoria física: El flujo oscilatorio de su citoplasma ensancha las rutas hacia el alimento y atrofia las vías estériles, almacenando memoria espacial en la propia arquitectura de su cuerpo.
- Optimización matemática: Es capaz de recorrer laberintos complejos seleccionando de forma espontánea el camino más corto entre dos fuentes de alimento.
Capaz de anticipar cambios ambientales periódicos y aprender mediante habituación, Physarum polycephalum desafía las fronteras tradicionales de la cognición, inspirando nuevos algoritmos informáticos y redes de telecomunicaciones bioinspiradas.
Fuente: Science (Tero et al., 2010: 'Rules for Biologically Inspired Adaptive Network Design')