Taiwán se encuentra en una encrucijada geológica crítica: ubicada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, sufre de forma recurrente fuertes terremotos y feroces tifones estacionales. Cuando en 2004 se inauguró el rascacielos Taipei 101, con sus 508 metros de altura, el mayor desafío de ingeniería estructural no era soportar el peso de los materiales, sino controlar las violentas fuerzas laterales que amenazaban con fracturar la torre o hacer inviable la estancia humana por el mareo.
La audaz solución fue instalar un amortiguador de masa sintonizada (TMD, por sus siglas en inglés) que además se dejó a la vista de los visitantes. Se trata de una esfera dorada monumental de 5,5 metros de diámetro y 660 toneladas de peso, fabricada con 41 placas circulares de acero laminado de 12,5 centímetros de grosor soldadas entre sí. La mole cuelga de ocho gruesos cables trenzados de acero anclados a la planta 92, suspendida en un vacío de cuatro pisos.
El principio físico es puramente inercial y pasivo:
- Cuando los vientos huracanados empujan la cima de la torre en una dirección, la inercia hace que la esfera se mueva en el sentido opuesto.
- En su base, ocho amortiguadores hidráulicos gigantes actúan como pistones disipadores, convirtiendo la energía cinética del vaivén en calor.
- El sistema reduce las oscilaciones del edificio entre un 30% y un 40%, protegiendo la estructura metálica de la fatiga de materiales.
Durante el paso del destructivo tifón Soudelor en agosto de 2015, con rachas de más de 200 km/h, la esfera registró un récord de oscilación de 100 centímetros, absorbiendo el impacto y salvando al rascacielos sin recurrir a motores ni consumir un solo kilovatio de electricidad.
Fuente: American Society of Civil Engineers (ASCE)