En el transporte marítimo pesado existe una clase de navíos capaces de realizar una maniobra contraintuitiva: hundirse deliberadamente para cargar infraestructuras gigantescas. Se trata de los buques de carga pesada semisumergibles, colosos de la ingeniería naval diseñados con un sistema avanzado de tanques de lastre que altera drásticamente su desplazamiento.
A diferencia de los submarinos convencionales, estos gigantes no se sumergen por completo. A través de un proceso coordinado denominado float-on/float-off, abren enormes válvulas para inundar sus bodegas inferiores con decenas de miles de toneladas de agua marina. Esto sumerge su cubierta principal entre 9 y 16 metros bajo la superficie oceánica, dejando únicamente a la vista la torre de mando y los flotadores estabilizadores en popa y proa.
Una vez que la cubierta se encuentra bajo el agua, un remolcador posiciona con precisión milimétrica la carga flotante —como una plataforma petrolífera de 50.000 toneladas, un destructor dañado como el USS Cole o incluso otros barcos—. Posteriormente, potentes compresores bombean aire comprimido a los tanques para expulsar el agua de lastre a un ritmo controlado. A medida que el buque recupera flotabilidad positiva, su cubierta emerge del océano levantando en vilo la colosal estructura, lista para navegar miles de millas náuticas a través de mares abiertos.
Fuente: Royal Boskalis Westminster / Dockwise Heavy Marine Transport Technical Archives