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El Asedio de Weinsberg de 1140: Las mujeres que salvaron a sus maridos cargándolos a hombros

La ingeniosa estratagema femenina que desarmó la furia del rey Conrado III durante una sangrienta guerra medieval

El Asedio de Weinsberg de 1140: Las mujeres que salvaron a sus maridos cargándolos a hombros

En diciembre de 1140, durante la feroz guerra civil entre las casas nobles de los güelfos y los gibelinos por la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, el rey Conrado III sitió el inexpugnable castillo de Weinsberg, en la actual Alemania. Tras semanas de resistencia desesperada, la fortaleza no tuvo más remedio que capitular ante las tropas reales.

Furioso por la prolongada obstinación defensiva, el monarca ordenó que todos los hombres de armas fueran ejecutados. Sin embargo, concedió una gracia especial por piedad caballeresca: permitió que las mujeres y los niños abandonaran el castillo antes del asalto final, llevándose consigo únicamente lo más valioso que pudieran cargar sobre sus espaldas.

Lo que ocurrió al abrirse los portones dejó boquiabiertos a los sitiadores:

  • En lugar de salir con oro, joyas o ropajes costosos, cada mujer emergió tambaleándose mientras llevaba a su marido a cuestas.
  • Las jóvenes solteras o viudas cargaron a sus padres, hermanos o sirvientes varones para no dejar a nadie atrás.

El hermano menor del rey consideró el gesto un engaño insolente y exigió ejecutarlos de inmediato, pero Conrado III no pudo evitar romper a reír ante la astucia de las damas. Conmovido por su lealtad y coraje, sentenció que «la palabra de un rey no puede quebrantarse» y perdonó la vida de toda la guarnición.

Desde aquel día, la fortaleza fue bautizada popularmente como el castillo de Weibertreu («Fidelidad de las mujeres»), convirtiéndose en uno de los episodios de ingenio pacífico más célebres de la historia militar medieval.

Fuente: Chronica Regia Coloniensis (Crónica Real de Colonia, siglo XII)

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