En julio de 1184, el rey Enrique VI de Alemania (futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) convocó una Dieta imperial en el monasterio de San Pedro de Érfurt. El objetivo era mediar en una enconada disputa territorial entre el landgrave Luis III de Turingia y el arzobispo Conrado de Maguncia. Para presenciar la reconciliación, acudieron decenas de nobles, príncipes y caballeros de todo el reino ataviados con sus mejores ropajes de gala.
Sin embargo, la sala del segundo piso del edificio no estaba construida para soportar semejante concentración. Bajo el peso de la multitud, las viejas vigas de madera cedieron de forma súbita. La catástrofe no se detuvo en la primera planta: el impacto de los cuerpos destrozó a su vez el piso inferior, precipitando a la aristocracia directamente al pozo ciego de las letrinas del monasterio, situado en el sótano.
Aquel foso acumulaba los residuos fecales de la comunidad monástica desde hacía años. Se estima que entre sesenta y cien nobles murieron en el accidente, la mayoría asfixiados o ahogados en los excrementos líquidos, mientras que otros perecieron aplastados por las vigas y escombros de piedra. El propio rey Enrique VI salvó la vida milagrosamente al encontrarse sentado en el vano de una ventana de piedra con reja de hierro, donde permaneció aferrado hasta que los monjes lograron rescatarlo con escaleras.
Fuente: Chronica Reinhardsbrunnensis (Crónica de Reinhardsbrunn, siglo XII)