Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense reclutó una de las fuerzas tácticas más insólitas de la historia moderna: las Tropas Especiales del 23.º Cuartel General, bautizadas popularmente como el Ghost Army (Ejército Fantasma). Lejos de estar compuesta por veteranos de infantería curtidos en combate, esta unidad de unos 1.100 hombres reunió a estudiantes de bellas artes, diseñadores de moda, ilustradores comerciales, actores y técnicos de sonido procedentes de prestigiosas academias.
Su misión consistía en desplegar el arte del ilusionismo a escala bélica para despistar a la inteligencia del Eje sobre la ubicación real de las tropas aliadas. Para lograrlo, combinaron tecnología y teatro militar mediante tres pilares:
- Blindados neumáticos: Cientos de réplicas a tamaño real de tanques M4 Sherman, piezas de artillería y aviones fabricados en caucho inflable y lona. Dos soldados podían mover un tanque señuelo con las manos, y los colocaban deliberadamente bajo redes de camuflaje imperfectas para que la aviación alemana los fotografiara.
- Guerra sónica: Potentes altavoces de más de 200 kilos instalados en semiorugas reproducían grabaciones registradas en Nueva York con ruidos de convoyes acorazados, martillazos y motores diésel, audibles a más de 24 kilómetros.
- Radiotelegrafía fraudulenta: Operadores imitaban a la perfección el estilo de tecleo de operadores de radio reales de divisiones ausentes para saturar el espionaje enemigo de transmisiones falsas.
Entre el desembarco de Normandía y la rendición alemana, ejecutaron más de veinte operaciones de distracción en el frente occidental. Las estimaciones oficiales señalan que sus trucos salvaron entre 15.000 y 30.000 vidas aliadas. La misión fue tan confidencial que sus propios integrantes tuvieron prohibido contárselo a sus familias hasta su desclasificación en 1996.
Fuente: The National WWII Museum / The Ghost Army of World War II (Rick Beyer)