Rodar una bola de estiércol en línea recta es una cuestión de vida o muerte para el escarabajo estercolero africano (Scarabaeus satyrus y Scarabaeus lamarcki). En la sabana, decenas de competidores aguardan para robar el preciado botín recién moldeado. Por ello, estos coleópteros deben alejarse de la pila central lo más rápido y recto posible para enterrar su comida. Durante el día utilizan la posición del Sol, pero durante décadas fue un enigma cómo lograban mantener trayectorias impecables en noches cerradas y sin Luna.
En 2013, un equipo internacional liderado por la bióloga Marie Dacke resolvió el misterio mediante un ingenioso experimento. Los investigadores colocaron diminutos gorros de cartón a los escarabajos para bloquear su visión del cielo y los introdujeron en el planetario de Johannesburgo. Al proyectar diferentes configuraciones celestes, descubrieron algo insólito: los insectos ignoraban las estrellas individuales más brillantes, pero cuando se encendía la banda difusa de la Vía Láctea, trazaban líneas rectas perfectas sin desviarse un solo grado.
Este hallazgo convirtió al escarabajo estercolero en el primer animal del planeta confirmado en utilizar el resplandor de toda una galaxia para orientarse. Sus ojos compuestos carecen de la agudeza óptica necesaria para distinguir estrellas individuales, pero son extraordinariamente sensibles a las diferencias de contraste lumínico. Al percibir la franja lechosa que divide la bóveda celeste, el insecto cuenta con una brújula cósmica inalterable que le impide girar en círculos y perder su sustento en la oscuridad.
Fuente: Current Biology (Dacke et al., 2013: 'Dung Beetles Use the Milky Way for Orientation')