En 1820, el general escocés Gregor MacGregor regresó a Gran Bretaña proclamándose el flamante «Cacique de Poyais», un supuesto principado soberano e idílico ubicado en la Costa de los Mosquitos, en la actual Honduras. MacGregor no se limitó a relatar historias de taberna: orquestó una de las estafas más elaboradas y trágicas de la historia moderna.
Para dar credibilidad a su farsa, MacGregor creó una maquinaria burocrática impecable:
- Publicó una guía geográfica de más de trescientas páginas repleta de detalles sobre los ríos de oro, tierras fértiles y el clima paradisíaco de Poyais.
- Diseñó una constitución, banderas, condecoraciones y uniformes militares propios.
- Emitió papel moneda oficial y abrió oficinas de recaudación diplomática en Londres y Edimburgo.
El engaño deslumbró a la alta sociedad británica. MacGregor logró emitir en la Bolsa de Londres un bono soberano por valor de 200.000 libras esterlinas de la época y vendió títulos de propiedad sobre cientos de miles de hectáreas a familias, médicos y soldados que buscaban fortuna en el Nuevo Mundo.
Entre 1822 y 1823, zarparon dos barcos con unos doscientos cincuenta colonos a bordo. Al desembarcar, la pesadilla sustituyó a la utopía: no hallaron puertos, ciudades ni minas, sino una selva tropical virgen y hostil. Atrapados sin víveres ni refugio, más de ciento ochenta colonos fallecieron víctimas de la malaria, la disentería y el agotamiento antes de que los sobrevivientes fueran rescatados por la marina británica. Lejos de rendirse, MacGregor huyó a París y repitió el mismo esquema con inversores franceses sin pisar jamás una prisión por su crimen.
Fuente: The Land That Never Was: Sir Gregor MacGregor and the Most Audacious Fraud in History (David Sinclair)