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El Oleoducto Trans-Alaska y su Trazo en Zigzag: La Proeza que Soportó un Desplazamiento de Cinco Metros en Pleno Terremoto

Cómo un ingenioso sistema de vigas deslizantes de teflón y curvas calculadas evitó una catástrofe ecológica ante una falla geológica activa.

El Oleoducto Trans-Alaska y su Trazo en Zigzag: La Proeza que Soportó un Desplazamiento de Cinco Metros en Pleno Terremoto

Construir el Oleoducto Trans-Alaska (TAPS) en la década de 1970 supuso desafiar condiciones extremas a lo largo de 1.287 kilómetros, pero su mayor reto no fue el hielo ártico, sino cruzar la temible falla geológica de Denali. Conscientes de que un sismo devastador era inevitable, los ingenieros descartaron tender la conducción en línea recta y diseñaron un trazado continuo en zigzag suspendido sobre soportes móviles de teflón.

Esta geometría permitía que la tubería de acero de 122 centímetros de diámetro no quedara sometida a fuerzas de cizallamiento fatales. En lugar de estar anclada rígidamente al terreno, descansaba sobre patines capaces de deslizarse libremente de lado a lado sobre vigas horizontales de acero dulce, convirtiendo la colosal estructura metálica en un acordeón flexible capaz de absorber compresiones y expansiones sísmicas extremas.

La prueba definitiva llegó el 3 de noviembre de 2002, cuando el terremoto de Denali sacudió la región con una magnitud de 7,9. La falla se fracturó violentamente justo debajo del oleoducto, desplazando el suelo 5,5 metros en horizontal y casi un metro en vertical. Gracias a su diseño articulado, la tubería patinó de un extremo a otro de sus soportes, absorbió el latigazo cinético y no derramó ni una sola gota de crudo, sellando uno de los mayores hitos de la ingeniería sismorresistente moderna.

Fuente: United States Geological Survey (USGS)

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