Venecia ha librado durante siglos una batalla contra el fenómeno de la acqua alta, las mareas extraordinarias del mar Adriático que inundan periódicamente sus plazas y deterioran sus milenarios cimientos. Para frenar las aguas sin alterar el tráfico marítimo ni la fisonomía de la laguna, los ingenieros desarrollaron una solución sin precedentes: el Proyecto MOSE (Módulo Experimental Electromecánico).
La obra consiste en 78 compuertas metálicas gigantescas instaladas en las tres bocas que conectan la laguna con el mar abierto (Lido, Malamocco y Chioggia). En condiciones normales, estas estructuras huecas de hasta 30 metros de altura permanecen completamente llenas de agua y ocultas en zanjas de hormigón en el fondo marino, permitiendo el intercambio biológico del agua y el paso constante de buques.
Cuando los sensores meteorológicos alertan de mareas que superarán los 110 centímetros, se activa una maniobra neumática milimétrica: potentes compresores inyectan aire comprimido dentro de las compuertas, expulsando el agua de su interior. Al volverse más ligeras que el mar circundante, el principio de Arquímedes las hace flotar, pivotando sobre colosales bisagras de 42 toneladas hasta erigirse en un ángulo de 45 grados sobre la superficie en unos 30 minutos.
Esta fila de barreras forma un muro estanco que aísla la laguna del embate del mar exterior. Una vez disipado el temporal, el aire es purgado, el agua vuelve a entrar en las cámaras y la gravedad devuelve las compuertas a su letargo submarino, totalmente invisibles para la vista humana.
Fuente: Consorzio Venezia Nuova / Ministero delle Infrastrutture e dei Trasporti