En las gélidas y oscuras profundidades del Atlántico Norte habita una criatura que redefine nuestra comprensión sobre el envejecimiento: el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Con una longevidad estimada de entre 250 y más de 400 años, este coloso marino ostenta el récord del vertebrado más longevo del planeta Tierra.
La clave de su extrema supervivencia reside en las aguas gélidas donde habita, a temperaturas de entre -1 °C y 10 °C. Este entorno polar induce un metabolismo hiperlento: sus tejidos corporales operan a un ritmo mínimo, su corazón late de forma pausada y nada a una velocidad pausada de apenas 1,2 kilómetros por hora. Dicha lentitud metabólica mitiga drásticamente el estrés oxidativo y la degradación celular con el paso de los siglos.
Su insólita biología presenta peculiaridades únicas:
- Madurez sexual tardía: Las hembras no comienzan a reproducirse hasta que cumplen cerca de 150 años de edad.
- Crecimiento milimétrico: Crecen a un ritmo extraordinariamente lento de aproximadamente un centímetro al año.
- Datación por el cristalino: En 2016, biólogos de la Universidad de Copenhague fecharon mediante carbono-14 las proteínas oculares de una hembra de cinco metros, determinando que nació cerca del año 1620.
Prácticamente ciegos debido a copépodos bioluminiscentes parásitos que se adhieren a sus córneas, estos silenciosos supervivientes navegan guiados por un olfato exquisito. Actualmente, su genoma se investiga para descifrar los mecanismos moleculares que previenen el deterioro vascular y celular en los seres vivos.
Fuente: Science (Nielsen et al., 2016) - 'Eye lens radiocarbon reveals longevity of the Greenland shark'