En el otoño de 1930, la compañía telefónica de Indianápolis se enfrentó a un dilema monumental: necesitaban una sede más grande, pero el terreno estaba ocupado por su edificio central de ocho pisos y 11.000 toneladas de peso. Demolerlo era inviable, ya que albergaba la centralita neurálgica de telecomunicaciones de la ciudad. La audaz solución de la ingeniería fue tan insólita como brillante: trasladar el edificio entero sin desalojarlo.
Diseñada por el arquitecto Kurt Vonnegut Sr. y un equipo de ingenieros estructurales, la maniobra se ejecutó durante 34 días con una precisión casi quirúrgica:
- Cojinetes y rodillos: La colosal mole de ladrillo y hormigón se despegó de sus cimientos mediante gatos hidráulicos y se posó sobre cientos de rodillos cilíndricos de madera dura dispuestos sobre rieles de acero.
- Avance milimétrico: Accionado por gatos mecánicos de tornillo operados a mano y una pequeña máquina de vapor, el rascacielos avanzaba a un ritmo imperceptible de unos 40 centímetros por hora.
- Infraestructura viva: Para que los 600 oficinistas continuaran sus jornadas, los suministros de gas, agua y alcantarillado se conectaron mediante mangueras flexibles de caucho, mientras que miles de cables telefónicos se empalmaron en bucles extensibles.
El inmueble fue desplazado 16 metros hacia el oeste, rotado 90 grados exactos y empujado otros 30 metros hacia el sur. La plantilla accedía diariamente a través de una pasarela telescópica de madera. Ninguna llamada se cortó, ninguna tubería colapsó y los ocupantes afirmaron que el movimiento era tan suave que ni el café de sus tazas llegaba a temblar.
Fuente: Historic Indianapolis & American Society of Civil Engineers (ASCE)