En los anales de la historia militar abundan las batallas extrañas, pero casi ninguna desafía la lógica táctica como la captura de la flota holandesa en Den Helder. En enero de 1795, en el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas, se registró el único episodio documentado en el que una fuerza de caballería terrestre atacó, rodeó y rindió a una armada naval completa.
Aquel invierno fue uno de los más despiadados del siglo XVIII europeo. Las temperaturas extremas congelaron amplias zonas costeras de los Países Bajos, incluyendo el golfo de Zuiderzee. Catorce buques de guerra de la armada holandesa, pertrechados con unos 850 cañones y cientos de tripulantes, quedaron atrapados en gruesas placas de hielo cerca de la isla de Texel, completamente inmovilizados y escorados.
Al enterarse de su vulnerabilidad, el general francés Jean-Charles Pichegru ordenó una maniobra inaudita. En la gélida noche del 23 de enero, el coronel Louis Joseph Lahure lideró al 8.º Regimiento de Húsares a través del mar helado. Para evitar que el ruido delatara la aproximación en la quietud invernal, los soldados cubrieron los cascos de sus caballos con trapos y telas gruesas.
Al clarear el día, los marineros holandeses despertaron atónitos: cientos de jinetes armados con sables y carabinas cercaban sus buques. Con las naves inclinadas por el hielo, la artillería naval no podía apuntar hacia abajo para repeler a la caballería sin quebrar el hielo y arriesgar sus propios cascos. Sin margen de maniobra ni posibilidad de escape, los capitanes capitularon sin derramar una sola gota de sangre.
Fuente: Service Historique de la Défense (Francia) y Rijksmuseum de Ámsterdam