En junio de 1967 estalló la Guerra de los Seis Días entre Israel y una coalición de países árabes. Como medida defensiva inmediata, Egipto bloqueó ambos extremos del Canal de Suez hundiendo barcazas, destruyendo puentes y sembrando minas marinas. En mitad del tránsito quedaron atrapados catorce buques mercantes procedentes de ocho países distintos, entre ellos Alemania Occidental, Reino Unido, Francia, Polonia y Estados Unidos.
Incapaces de avanzar o retroceder, las tripulaciones fondearon en la zona más ancha del canal: el Gran Lago Amargo. Lo que parecía un retraso logístico de pocos días se convirtió en un encierro de ocho años. Con el tiempo, el polvo del desierto del Sinaí cubrió los cascos y superestructuras, rebautizándolos popularmente como la «Flota Amarilla».
Lejos de caer en la desesperación o el conflicto bélico, las tripulaciones decidieron unirse. En octubre de 1967 fundaron la Asociación del Gran Lago Amargo (GBLA), una auténtica microsociedad cooperativa con reglas compartidas:
- Reparto comunal de recursos: cada barco asumía un rol; uno funcionaba como hospital, otro contaba con una espaciosa cubierta para proyectar cine y los barcos refrigerados almacenaban suministros.
- Juegos Olímpicos flotantes: en 1968, coincidiendo con los JJ. OO. de México, celebraron su propia olimpiada acuática con competiciones de vela, natación y salto de longitud sobre botes salvavidas.
- Sistema postal propio: crearon sellos postales artesanales que fueron convalidados de facto por los servicios de correos de sus respectivos países de origen.
Cuando el canal reabrió finalmente en mayo de 1975, solo dos buques alemanes consiguieron zarpar por sus propios medios; el resto debió ser remolcado tras casi una década suspendidos en el tiempo.
Fuente: Lee, Cath Senker (2020). 'Stranded in the Six-Day War'. British Library Archive & Imperial War Museum Records.