En octubre de 1904, durante la guerra ruso-japonesa, la Segunda Escuadra del Pacífico de la Armada Imperial Rusa zarpó desde el mar Báltico con una misión monumental: navegar más de 33.000 kilómetros para socorrer a la base de Port Arthur en el Lejano Oriente. Lo que siguió se convirtió en uno de los episodios más surrealistas y desastrosos de la historia militar naval.
Apenas unos días después de iniciar el viaje, la paranoia colectiva se apoderó de la tripulación en el mar del Norte. En medio de una densa niebla sobre el banco de Dogger Bank, los vigías dieron la alarma creyendo avistar torpederos japoneses, a pesar de encontrarse a decenas de miles de kilómetros de Asia. Los acorazados abrieron fuego frenético durante veinte minutos contra una flota de pacíficos barcos pesqueros ingleses de arrastre. En la confusión de la refriega, los rusos no solo hundieron un pesquero civil, sino que se dispararon entre sí, impactando contra su propio crucero Aurora y matando a su capellán naval.
El incidente casi provoca una guerra abierta con el Imperio Británico, pero el calvario de la flota apenas comenzaba:
- Durante el trayecto alrededor de África, marineros aburridos subieron a bordo decenas de animales exóticos, como camaleones y cocodrilos que terminaron escapando por las cubiertas.
- El comandante ruso, el almirante Zinovi Rozhéstvenski, solía arrojar sus binoculares al mar en recurrentes ataques de ira provocados por la incompetencia de su dotación.
- Se registraron continuos disparos accidentales contra naves mercantes neutrales alemanas, francesas y noruegas.
Tras ocho meses de navegación agónica, la exhausta flota llegó al estrecho de Tsushima en mayo de 1905, donde la armada japonesa del almirante Togo la aniquiló casi por completo en apenas veinticuatro horas.
Fuente: Pleshakov, Constantine. The Tsar's Last Armada: The Epic Journey to the Battle of Tsushima (Basic Books, 2002).