Durante siglos, la capacidad del gecko para corretear boca abajo por cristales pulidos desconcertó a naturalistas e ingenieros. No utilizaba ventosas, garras mecánicas ni segregaba sustancias adhesivas. La respuesta a este enigma biofísico no llegó hasta comienzos del siglo XXI, cuando un equipo de la Universidad de California en Berkeley demostró que estos reptiles dominan la física molecular a nanoescala gracias a las fuerzas de Van der Waals.
Las plantas de los dedos de un gecko albergan una estructura fractal asombrosa compuesta por varios niveles:
- Setas microscópicas: Cerca de medio millón de filamentos elásticos de queratina recubren cada pata, unas diez veces más delgados que un cabello humano.
- Espátulas nanométricas: Cada seta se ramifica en su extremo en entre 100 y 1.000 puntas diminutas triangulares de apenas 200 nanómetros de ancho.
Cuando el gecko posa sus patas sobre una superficie, miles de millones de estas espátulas entran en contacto íntimo con las irregularidades del material a distancias inferiores a un nanómetro. A esa escala, las fluctuaciones en las nubes de electrones entre las moléculas del reptil y las del sustrato generan atracciones electrodinámicas instantáneas. Aunque cada enlace individual es débil, la suma colectiva de billones de puntos de contacto genera una fuerza colosal: la superficie adhesiva de un único gecko común podría, en teoría, sostener un peso superior a 130 kilogramos.
Para despegarse sin esfuerzo mientras corre a más de un metro por segundo, el gecko simplemente modifica el ángulo de sus dedos a más de 30 grados, desalineando las espátulas y rompiendo el vínculo molecular en milisegundos.
Fuente: Nature (Autumn et al., 'Adhesive force of a single gecko foot-hair' & 'Evidence for van der Waals adhesion in gecko setae')