Al contemplar monumentos naturales como la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte o el Devils Postpile en California, resulta difícil no sospechar la mano de un arquitecto. Decenas de miles de columnas de roca oscura encajan entre sí con una precisión geométrica casi perfecta, predominando prismas de seis lados que parecen tallados a escuadra.
Este fenómeno geológico se conoce como disyunción columnar. Lejos de ser una anomalía caprichosa, responde a un estricto principio de optimización física. Cuando una colada masiva de lava basáltica se estanca y comienza a enfriarse, su volumen se reduce drásticamente. Al encogerse, el material experimenta enormes fuerzas de tensión elástica en todas las direcciones del plano horizontal. La roca no puede estirarse indefinidamente, por lo que se fractura para liberar esa energía acumulada.
¿Por qué la naturaleza elige hexágonos? Porque es la configuración termodinámica más eficiente. Al igual que ocurre en los panales de abejas o en las agrupaciones de burbujas de jabón, los patrones hexagonales (con ángulos de 120 grados) logran disipar la máxima cantidad de tensión con el menor perímetro de fractura posible.
En 2018, geocientíficos de la Universidad de Liverpool lograron recrear este proceso en laboratorio sometiendo cilindros de basalto a altas temperaturas. Descubrieron el umbral exacto: el basalto se fractura violentamente cuando su temperatura desciende a una ventana crítica entre los 840 °C y los 890 °C. A medida que el frente de enfriamiento penetra lentamente desde la superficie hacia las profundidades, las grietas se propagan en línea recta hacia abajo, esculpiendo pilares continuos de hasta decenas de metros de altura.
Fuente: Nature Communications (Hofmann et al., 2018 - 'Ascent and crystallization of magma under thermal stress / Basalt fracturing temperature')