En las profundidades del océano habita una criatura con una estrategia biológica sin parangón en la naturaleza: Cymothoa exigua, un crustáceo isópodo que no solo parasita a su anfitrión, sino que usurpa mecánicamente la función de uno de sus órganos vitales.
El proceso comienza cuando el parásito, en su fase juvenil, penetra a través de las branquias de peces como el pargo lunarejo (Lutjanus guttatus). Una vez en el interior de la cavidad bucal, el ejemplar dominante se diferencia en hembra y utiliza sus patas prensiles, equipadas con potentes garfios curvados, para aferrarse firmemente a la base de la lengua.
A partir de ese momento, la criatura ejecuta una compleja invasión fisiológica:
- Pinza deliberadamente la arteria lingual del pez, bloqueando el suministro de sangre.
- Privada de oxígeno y nutrientes, la lengua sufre una necrosis isquémica progresiva hasta que se atrofia y termina por desprenderse.
- En lugar de abandonar a la víctima o causarle la muerte, el crustáceo se ancla directamente al muñón muscular del hueso hioides del pez.
Lo verdaderamente extraordinario para la biología es que el pez continúa viviendo y aprende a utilizar al parásito exactamente como si fuera su lengua original. El hospedador empuja el cuerpo quitinoso del isópodo contra el paladar para triturar y tragar alimento, mientras el crustáceo sobrevive consumiendo diminutas cantidades de sangre y mucosa protectora. Se trata del único caso documentado en la biosfera donde un parásito reemplaza anatómica y funcionalmente una estructura corporal perdida.
Fuente: Journal of Natural History / Smithsonian Tropical Research Institute