Durante más de mil años, el pueblo Bajau del sudeste asiático ha vivido en casas flotantes sobre las aguas de Indonesia, Malasia y Filipinas. Conocidos como los «nómadas del mar», estos cazadores submarinos pasan hasta el 60% de su jornada laboral sumergidos, alcanzando profundidades de más de 70 metros equipados únicamente con gafas de madera y lanzas artesanales. Sin embargo, no se trata solo de un riguroso entrenamiento físico: su organismo ha evolucionado genéticamente para albergar un «tanque de oxígeno» interno.
En 2018, un estudio liderado por la genetista Melissa Ilardo y publicado en la revista Cell desveló el secreto biológico de los Bajau: poseen un bazo un 50% más grande que el de poblaciones terrestres emparentadas, como los Saluan. El bazo actúa como un reservorio crucial de eritrocitos maduros oxigenados. Cuando una persona se sumerge, el reflejo mamífero de inmersión contrae este órgano para liberar de golpe una oleada de glóbulos rojos al torrente sanguíneo, aumentando los niveles de oxígeno disponible hasta en un 10%.
El análisis del ADN reveló que esta hipertrofia no surge por ejercitar el buceo desde la infancia, ya que los miembros de la tribu que jamás nadan también presentan bazos colosales. La clave reside en una alteración en el gen PDE10A, el cual regula las hormonas tiroideas que controlan el tamaño de este órgano. Se trata de la primera prueba demostrada de una adaptación genética y anatómica en humanos modernos al entorno del buceo libre.
Fuente: Cell (Ilardo et al., 2018: 'Physiological and Genetic Adaptations to Diving in Sea Nomads')