Inaugurado en diciembre de 2004 sobre el valle del río Tarn, en el sur de Francia, el Viaducto de Millau ostenta el récord de la estructura vehicular más alta del planeta. Diseñado por el ingeniero estructural Michel Virlogeux y el afamado arquitecto Norman Foster, su pilar central más colosal (el P2) alcanza los 245 metros de hormigón que, sumados a su mástil superior de acero, rozan los 343 metros de altura, superando por varios metros a la emblemática Torre Eiffel.
El mayor desafío no radicaba solo en su escala desmesurada de 2.460 metros de longitud, sino en cómo construir una calzada suspendida a 270 metros sobre el fondo del valle sin desplomarse por los feroces vientos pirenaicos. La solución fue una audaz maniobra mecánica de precisión quirúrgica:
- Lanzamiento incremental: En lugar de elevar el tablero con grúas gigantescas desde el suelo, la plataforma metálica de 36.000 toneladas se fabricó en tierra firme a ambos lados del valle.
- Gatos hidráulicos en tándem: Un complejo sistema informatizado empujó el tablero tramo a tramo sobre las siete pilas definitivas y varias torres provisionales a una velocidad de apenas 60 centímetros cada cuatro minutos.
- Encuentro en el aire: Las dos mitades del puente avanzaron sobre el vacío hasta encontrarse sobre el río Tarn con un margen de error inferior a un centímetro.
Gracias a su perfil aerodinámico en forma de ala invertida y a sus tensores de alta resistencia, el viaducto puede soportar rachas de viento extremas de más de 250 km/h sin sufrir oscilaciones destructivas, permitiendo que miles de vehículos crucen a diario literalmente por encima de la niebla.
Fuente: Foster + Partners / Eiffage Construction archives