Durante más de un siglo, la biología sostuvo una regla aparentemente inquebrantable: el complejo sistema inmunitario de los vertebrados impide cualquier relación endosimbiótica intracelular con organismos fotosintéticos. Sin embargo, un histórico estudio publicado en 2011 demostró que la salamandra moteada (Ambystoma maculatum) desafía abiertamente este principio evolutivo.
Desde finales del siglo XIX se sabía que las masas gelatinosas de huevos de esta salamandra adquirían un intenso color esmeralda debido a la presencia del alga verde Oophila amblystomatis (cuyo nombre significa literalmente «amante de los huevos de salamandra»). La ciencia asumía que se trataba de una simbiosis externa clásica: el alga aportaba oxígeno al líquido del huevo y consumía los residuos de amonio producidos por el embrión. No obstante, técnicas avanzadas de fluorescencia y microscopía revelaron que las algas traspasan las membranas y viven dentro de las células somáticas del embrión.
Este hito convirtió a la salamandra moteada en el primer vertebrado documentado capaz de albergar endosimbiontes fotosintéticos intracelulares. Las microalgas colonizan los tejidos embrionarios antes de que el sistema inmunitario termine de madurar. Una vez alojadas junto a las mitocondrias de las células de la salamandra, aprovechan la luz solar para fabricar glucosa y oxígeno directo para el desarrollo del hospedador.
El hallazgo es tan profundo que incluso se descubrió material genético del alga en los oviductos de las hembras adultas, lo que confirma una transmisión hereditaria directa. Esta prodigiosa alianza solar entre una planta unicelular y un animal de cuatro patas continúa inspirando investigaciones de vanguardia en inmunología y medicina regenerativa.
Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) - 'Intracellular invasion of green algae in a salamander host' (Kerney et al., 2011)