En 1934, los físicos H. Frenzel y H. Schultes descubrieron un efecto tan desconcertante que durante décadas rozó los límites de la física teórica: la sonoluminiscencia. Al someter un matraz lleno de agua a potentes ondas de ultrasonido, observaron que el campo acústico atrapaba diminutas burbujas de gas y las hacía oscilar. Lo asombroso ocurría durante la fase de compresión: la burbuja implosionaba con tal violencia que emitía un destello visible de luz.
Este fenómeno, conocido coloquialmente como crear una «estrella en un frasco», convierte energía acústica difusa en una densidad energética colosal. Durante el colapso, las paredes de la microburbuja viajan hacia el centro a velocidades supersónicas, comprimiendo el gas atrapado en un volumen minúsculo.
Los análisis espectrométricos han revelado parámetros físicos extremos:
- Temperaturas asombrosas: El núcleo de la burbuja alcanza entre 10.000 °C y más de 20.000 °C, superando con creces la superficie del Sol, situada en unos 5.500 °C.
- Pulsos ultrarrápidos: Los destellos lumínicos duran entre 30 y unos pocos cientos de picosegundos, generados bajo presiones de millones de atmósferas.
- Creación de plasma: Las condiciones extremas arrancan electrones de los átomos de gases nobles disueltos (como el argón), generando un estado de plasma incandescente transitorio.
Hoy en día, la sonoluminiscencia continúa siendo una de las fronteras experimentales más fascinantes en el estudio de la física de fluidos y la hidrodinámica cuántica.
Fuente: Physical Review Letters / Nature - Acoustics and Sonoluminescence Research