Durante siglos se asumió que el agua solo existía en tres estados básicos: vapor, líquido y hielo convencional. Sin embargo, en el interior profundo de planetas gigantes como Urano y Neptuno, el agua adopta una fase exótica confirmada experimentalmente en laboratorios terrestres: el hielo superiónico (o hielo XVIII).
Para sintetizarlo, un equipo del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore comprimió gotas microscópicas de agua entre yunques de diamante a casi dos millones de veces la presión atmosférica terrestre y las bombardeó con pulsos láser de alta energía. Bajo estas condiciones extremas, a más de 4.000 °C, el agua no se evaporó; en su lugar, se reorganizó en una estructura híbrida asombrosa:
- Una red cristalina sólida: Los átomos de oxígeno se traban en una celosía cúbica rígida, comportándose como un cristal sólido.
- Un océano de protones libres: Los núcleos de hidrógeno se separan por completo y fluyen velozmente a través de los huecos de la red de oxígeno como si fueran un líquido.
Esta dualidad física transforma al agua en un material denso, oscuro y altamente conductor de electricidad, similar a un metal fundido. Lejos de ser una simple curiosidad de laboratorio, los astrofísicos estiman que el hielo superiónico podría ser la forma de agua más abundante de nuestro sistema solar, conformando miles de kilómetros de los mantos planetarios y explicando los enigmáticos campos magnéticos descentrados de los gigantes helados.
Fuente: Nature / Lawrence Livermore National Laboratory