El Telescopio Espacial James Webb (JWST) no solo nos ofrece imágenes espectaculares del universo primitivo, sino que también actúa como un sofisticado "lector de atmósferas" para exoplanetas, mundos más allá de nuestro sistema solar. Su extraordinaria capacidad para observar en el espectro infrarrojo le permite analizar la composición química de las atmósferas planetarias a miles de millones de kilómetros de distancia.
Cuando un exoplaneta transita o pasa frente a su estrella anfitriona desde nuestra perspectiva, la luz de la estrella atraviesa su atmósfera. Durante este evento, las moléculas presentes en la atmósfera del planeta absorben longitudes de onda específicas de esa luz estelar. El JWST captura esta luz filtrada y la descompone en un espectro, revelando "huellas dactilares" químicas que corresponden a elementos y compuestos como vapor de agua, metano, dióxido de carbono e incluso, potencialmente, oxígeno.
Esta técnica de espectroscopia de tránsito es una herramienta revolucionaria en la astrobiología. Ya ha permitido al JWST detectar vapor de agua y nubes de silicato en atmósferas de gigantes gaseosos como WASP-96 b, y está sentando las bases para futuras búsquedas de biosignaturas: combinaciones de gases que podrían indicar la presencia de vida en planetas rocosos más pequeños. El desciframiento de estas "cartas cósmicas" nos acerca un paso más a responder la eterna pregunta: ¿estamos solos en el universo?
Fuente: NASA (sitio oficial del JWST), ESA, Astrophysical Journal