En el reino microscópico, percibir la luz suele limitarse a fotorreceptores primitivos capaces de distinguir la claridad de la oscuridad. Sin embargo, los warnowíidos (Warnowiaceae), un linaje de dinoflagelados unicelulares marinos, rompieron todas las reglas evolutivas al desarrollar un oceloide: una estructura ocular asombrosamente compleja que imita la anatomía de los ojos de los animales multicelulares dentro de una única célula.
Descubiertos en el siglo XIX, durante décadas se creyó erróneamente que eran animales microscópicos debido a la presencia de este órgano visual. No fue hasta 2015 cuando un equipo de biólogos de la Universidad de Columbia Británica, utilizando microscopía electrónica de alta resolución y tomografía criogénica, desentrañó su verdadera naturaleza. El oceloide no está formado por miles de células especializadas, sino por orgánulos celulares profundamente modificados y coordinados:
- El cristalino: Una lente transparente e hiperdensa construida a partir de decenas de mitocondrias fusionadas que refractan la luz de manera precisa.
- La retina: Una red fotorreceptora curvada compuesta por membranas de un plástido ancestral, el remanente de un cloroplasto modificado que sustituyó la fotosíntesis por la detección fotónica.
- La córnea: Una bóveda protectora externa formada por vesículas lipídicas que recubren la lente.
Al carecer de cerebro o neuronas, estos diminutos cazadores no procesan imágenes como nosotros. En su lugar, el oceloide actúa como un filtro polarizador de alta precisión que detecta los reflejos y sombras de sus presas transparentes en la columna de agua, guiando filamentos microscópicos con los que arponean a otros microorganismos con letal puntería.
Fuente: Nature (Gavelis et al., 2015 - 'Eye-like ocelloids are built from different endosymbiotically acquired components')